miércoles, 22 de septiembre de 2010

RAMÓN LAVAL (1862- 1929)

Ramón Laval, uno de nuestros grandes folkloristas, quien hizo una labor preciosa de recopilación de cuentos chilenos en la zona de Carahue y en el sur. Hizo un trabajo comparativo de su recopilación de cuentos con su equivalente europeo. A pesar de su labor como  funcionario en la Biblioteca Nacional, se las arregló para escaparse a las zonas más apartadas para hacer el trabajo de plasmar en escrito, cuentos que vivían en la tradición de nuestras familias chilenas.
Les mostramos un cuento, muy conocido, por lo demás, pero siempre fascinante, de la tierra de Colchagua.


EL MEDIO POLLO.

(Ramón Laval)
Contado por doña Polonia González de la tierra de Colchagua.


    Para saber y contar y contar para saber. Esta era esterita para sacar peritas, este era esterones para sacar orejones. Esta era una gallinita muy buena ponedora y sacadora. Una vez puso veinte huevos en su nido y sacó diecinueve pollitos no más y se levantó muy afligida, porque había perdido un huevito.
    Principió entonces la gallinita a dar vueltas en torno al huevito y conoció que estaba medio huero y pensó:
    - Si me echo otra vez, saldrá cuando menos un Medio Pollito.
    Y así fue que del cascarón salió un medio pollito. La gallinita era muy querendona con sus hijitos, pero más que a ninguno quería al Medio Pollito. Le tenía cariño y un poco de lástima; cada vez que lo veía le daba pena de ver que no podría volar. No tenía más que una alita y caminaba a saltos, pues sólo tenía una patita.

    El Medio Pollo fue creciendo y la gallinita se fue poniendo viejacona y ya no podía trabajar. Entonces el Medio Pollito le dijo a su mamita:
    -Viejecita, échame la bendición, porque me voy a rodar tierras.
Y se fue a saltitos porque tenía una sola patita. Entonces anduvo muchos días sin encontrar trabajo. Un día escarbando un montón de hojas, encontró una naranjita de oro y casi se cagó de gusto. La escondió debajo de su alita y pensó:
    - Si se la llevo al rey, me dará gransitas para llevarle a mi mamita.
    Se fue donde el Rey y en el camino se encontró con un arriero que traía una recua muy grande de mulas y venía de vuelta. El Medio-Pollo le preguntó al arriero:
    -¿De dónde viene mi arrierito?
    - Me he vuelto-, dijo el arriero-, porque el río trae mucha agua y no me animo a pasarlo, porque se pueden ahogar las mulitas.
    -Así como usted me ve-, dijo el medio Pollo-, yo lo voy a pasar no más, porque tengo que ir donde el Rey.
     Entonces dijo el arriero:
    -¿Por qué no me llevas con mis mulitas, Medio Pollo?
    -Bueno -, dijo el Medio Pollo: "Métete en mi potito y tráncate con un palito".
Y se metieron en el buche del Medio Pollo el arriero con todas sus mulitas. Al llegar al río vio que venía muy ancho con tanta agua que traía y se puso a pensar:
“Yo no puedo volar porque no tengo más que una alita ¿Qué hago yo?  Me voy a tomar toda la agüita hasta dejarlo seco y poder pasar”  Entonces el Medio-Pollo se tomó toda el agua del río y pasó para el otro lado.
Siguió marchando un día entero hasta que topó con un tigre que estaba descansando en una piedra.  Entonces el Medio Pollo le dijo:
- ¿Qué hace aquí, compadrito tigre?
    - Tengo que ir donde el Rey-, dijo el tigre-, y estoy muy cansado. ¿Por qué no me llevas tú, Medio Pollito?
    - Bueno-, le dijo el Medio Pollo: "Métete en mi potito y tráncate con un palito".
Y entonces el Tigre se metió en el buche del Medio-Pollo.
    El Medio-Pollo se puso en camino otro día más, hasta que se encontró con un león que estaba echado de ladito.  Entonces el Medio Pollo le dijo:
    - ¿Qué hace ahí, compadrito león?
    - ¡Qué he de hacer Medio Pollito!-, dijo el león-.  ¡Estoy medio despiadado de tanto andar y tengo que ir a casa del Rey, ya no puedo más!  ¿Por qué no me lleváis vos, Medio Pollito?
    -Bueno-, le dijo el Medio Pollo: "Métete en mi potito y tráncate con un palito".
    Se metió ligerito el león en el buche del Medio Pollo. 
Todavía tuvo que andar un día el Medio Pollo hasta que tropezó con una zorra que se estaba haciendo la dormida debajo de un espino.  Entonces el Medio Pollo es que le dijo:
    - ¿Qué está haciendo ahí, mi comadrita zorra?
    La zorra contestó:
- Aquí estoy compadrito, media muerta de hambre.  Hace días que no como ni un racimito de uvas siquiera.
    Le dijo entonces el Medio Pollo:
    - Yo la llevaré, comadrita, donde el Rey. Puede que le tenga lástima y le dé algo de comer: “Métete en mi potito y tránquese con un palito".
    Saltó la zorra y se metió en el buche del Medio Pollo. Siguió él caminando, camina  que te camina hasta que topó con el palacio del Rey.
    Cuando entró en la sala del trono, el Medio Pollo dijo:
    - Mi rey, mi soberano, aquí he venido desde muy lejos para traerle a su majestad esta naranjita de oro, que es regalo que yo le traigo.
    El Rey  tomó la naranjita y dijo a sus pajes:
    - Llevad el Medio Pollito al gallinero y le ponen bastante trigo y gransita y una paila de agua fresquita.
    Los pajes escoltaron al Medio Pollito y abrieron el gallinero y le pusieron trigo y gransita para que se llenara el buche y en seguida se retiraron.  Entonces todos los gallos, las gallinas se le fueron encima a picotearlo que casi se lo comieron vivo.  Cuando se vio muy acorralado, se fue a un rinconcito, pujó un poquito y salió la zorra.  Allí mismo se comió todos los gallos, toditas las gallinas y toditos los pavos y no dejó ni unito, y se arrancó para la cordillera.  Entonces, el Medio Pollo se comió todas las gransitas.
    Al otro día fueron los pajes, con las claras al gallinero, para ver cómo había amanecido el Medio Pollo.  Se quedaron todos patifríos cuando vieron que el Medio Pollo se había comido todas las aves, porque no sabían que se las había comido la zorra.  Se fueron todos apurados donde el rey y le gritaron todos a un tiempo:
-   ¡Señor Rey, el Medio Pollo se ha comido todas las aves y no ha dejado ninguna!
    Y el rey contestó:
-        Bueno, ¿qué haremos con el Medio Pollo?, ¡yo no lo puedo matar porque me ha traído este regalo!
    Y un paje tuvo la ocurrencia:
-   Si a su Sagrada Majestad le parece, lo echaremos al potrero donde están los caballos cocheros de su Majestad y puede ser que los caballos lo maten a patadas.
-   Bueno-, dijo el Rey-, pero les prohíbo que lo maten ustedes.
    Y lo echaron al potrero.  Entonces cuando el pobrecito Medio Pollo se vio entre las patas de tantísima bestia, le entró un miedo tremendo y arrimándose a un rincón, pujó un poquete y echó al león para afuera. ¡Al león qué le han dicho! Se comió todos los caballos, pegando zarpazos aquí y allá y se fue a la cordillera.
    Al otro día bien de alba, fueron los pajes a ver si los caballos habían matado al Medio Pollo y casi se cayeron de espaldas cuando vieron al Medio Pollo arriba de un árbol, cantando a todo lo que le daba el pico, como haciéndoles burla porque se había comido todos los caballos.  Así lo creían ellos, porque no sabían que se los había comido el león.  Se fueron corriendo donde el Rey a contárselo todo.
    El Rey se quedó muy admirado, carraspeó un poco y dijo:
-   Yo no puedo matar a ese Medio Pollo que me ha traído esta naranja de oro de regalo.  Ustedes sabrán lo que hacen con él, pero prohíbo que lo maten.
    El paje principal habló muy empinado:
-   Si su sacarrial majestad quiere, lo echaremos al potrero donde están las vacas y ahí lo matan con seguridad. 
El pobre Medio Pollo se vio entonces muy afligido entre las patas de tantísimas vacas y no hallaba como salir del paso.  De puro miedo se le escapó un pedito y salió el tigre hecho una fiera y se comió toditas las vacas y se arrancó para la cordillera.
    Al otro día tempranito, al tiempo que cantan las diucas, fueron los pajes al potrero de las vacas y vieron que no quedaba ninguna.  Casi se cayeron, muertos de rabia cuando vieron al Medio Pollo encaramado en una rama y cantando "Pío, pío, pío".
    Ahora se fueron furiosos y se atropellaron para hablar con el Rey:
-   ¡Señor, el Medio Pollo debe morir, porque tiene el diablo metido en el cuerpo! ¡Se comió todas las vacas y si lo dejamos nos va a comer a nosotros!
    El Rey los miró y les dijo:
-   ¡Como voy a matar a este Medio Pollo que me ha traído un regalo tan bueno! ¡Ya he prohibido terminantemente que lo maten!
-   Bueno, pues, señor, como usted mande.  No lo mataremos, pero si su majestad no se enoja, lo meteremos al horno del pan para que así se ase al rescoldo.
    Entonces los brutos de los pajes, echaron al Medio Pollo al horno, cuando estaba bien caldeado.  Casi se cagó de susto.  Se arrimó a la boca del horno y se puso a pensar:    "¿Qué hago yo?, si me largo un pedito, con el viento que eche, las llamitas van a crecer y me quemo más lueguito”.  Ya se le estaban chamuscando las plumitas al pobrecito.
    El Medio Pollo no se acordaba que tenía metido el río dentro de él, pero con el calor del horno se empezaron a alborotar las aguas y a sonarle las tripitas, entonces medio muerto del susto, pujó con todas sus fuerzas y salió el agua bramando y apagó el fuego.  Como era la hora que venían los pajes, se ahogaron toditos y no quedó ni unito.  El Medio Pollo se fue donde el Rey y le contó:
-   Están todos muertos esos condenados que me querían matar.
    El Rey se puso muy contento de verlo vivo y le comentó:
-   Yo les había prohibido que te mataran.  ¿Y qué venís hacer ahora Medio Pollito?
-   Si su Sacarrial Majestad, me da permiso, me voy para mi tierra, porque quiero ver a mi mamita que estará con cuidado.
    El Rey mandó al mayordomo que le diera todo el trigo que había en el palacio, que era una barbaridad y entonces el Medio Pollito volvió a pujar y salió el arriero con todas sus mulitas y cargaron todo el trigo.
    Cuando llegaron a su tierra, el arriero y el Medio Pollito se repartieron el trigo como hermanos en dos pilitas iguales y cada cual se fue con la suya.
    La gallinita se puso muy contenta al ver a su Medio Pollito y nunca más tuvo que trabajar.  Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.

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